
Como cada vez que se aproxima el fín de semana, me da por escribir sobre temas gastronónmicos (¿Por qué será? ¿tánto se nota que el "finde" me entrego por entero al comercio y al bebercio??). Pero en esta ocasión no te quiero abrumar con otra de mis exquisitas recetas, sino más bien ensalzar a ese sufrido y utilísimo accesorio de cocina que no falta en ninguna casa que se precie: el
Tupperware.
Pues sí. ¿Dónde si no ibas a traerte a casa las deliciosas albóndigas que hace tu madre?, ¿Esas croquetas caseras de pollo, jamón o bacalao que a ella le salen tan bién, y en cambio con las tuyas se podría hacer mortero romano???.

A parte de ser utilísimos tanto en la cocina como para muchísimas otras cosas, los tupper, o como les decimos en mi pueblo,
los taper, han sido una de las piedras angulares de la interactuación humana. Gracias a ellos (y por supuesto a "Dín-Don, AVON llama a su puerta
(*)) se fomentaron las reuniones vecinales de amas de casa que intercambiaban truquillos de cocina y recetas y pasaban a ser miembros de esa secta de abducidas amas de casa adictas al colorido de toda la variada gama de tupperware.
Por desgracia, los días de gloria de esta marca están
tocando a su fín y ya no se lleva lo de las reuniones en casa de la Mari para conocer los nuevos envases y de paso cotillear sobre lo feas que son sus cortinas.

Recuerdo una época en la que a causa de una de esas
reuniones mi madre sintió la necesidad imperiosa de comprarse una yogurtera de dicha marca. A partir de ese momento y debido a su euforia, en casa no se comía otra cosa que yogures naturales caseros elaborados en la dichosa yogurtera. Más tarde fué mejorando la técnica y también nos los hacía de chocolate (era cola-cao), fresa y otros sabores. Pero nosotros, sus ingratos hijos, seguíamos prefieirendo los Yoplait o los Danone (donde además te regalaban cromos!!).
Siempre ha despertado mi admiración la gente que come todo natural, hecho en casa. A mí no me va nada lo precocinado, pero los yogures que no me los toquen. Para el resto siempre están los tupper de mamá, que nunca fallan.
(*) Próximamente un interesantísimo monográfico sobre AVON