29 noviembre, 2015

Salir del cascarón


"Salir del cascaron", ¡qué expresión tan bonita!

Y tan bien hecha.

¡Qué bien estábamos ahí dentro! Calentitos, protegidos, aislados del exterior, ajenos a todo lo que pasaba... Lástima que empezamos a crecer y crecer y crecer, y llega un momento en que no sabemos cómo colocar las piernas , ni la cabeza, ni los brazos dentro de ese cascarón que nos asfixia un poco, pero que sin embargo nos resistimos a abandonar por miedo. Y según crecemos, la cáscara que nos parecía tan fuerte, empieza a debilitarse hasta que un día sin más remedio, se acaba rompiendo y asomamos la cabeza tímidamente para ver lo que nos espera ahí afuera.

Yo salí del cascarón un poco tarde según con quién se me compare. Y reconozco que sigo echando un poquito de menos mi nido. Pero eso sí, cuando salí, salí con todas las consecuencias y con decisión. Le dí una patada al huevo (que de todas formas ya se me había roto por todas partes) y a recorrer mundo!. Luego no llegué muy lejos, pero tampoco me hizo falta.

Hoy en día la gente sale muy tarde del casacarón.
 Los pollitos salen ya con espolones y se pierden muchas cosas de la vida. Claro que casi siempre es por causas ajenas a su voluntad, pero el caso es que los huevos casi están podridos  y la cáscara más que romperse se desintegra.

3 comentarios:

María dijo...

¡Pues no has dicho tú nada con este escrito, amiga!
Resumes lo que hay y muy bien resumido.
A mí esos pollitos me dan lástima porque aparte de perderse la vida, no están siendo preparados para vivirla.
Y ...to be continued.

Besos

malatesta dijo...

Ah, ¿pero es que hay algo fuera de mi cascarón? :O

María dijo...

Jeje malatesta...