
-¿Te vienes esta sábado a la piscina a nadar?
- Uy, lo siento, me tengo que depilar.
- Y ¿Qué es depilar?
- Ah, pues se casó y tuvo gemelos.
La tiranía de la estética en nuestra sociedad tiene múltiples formas de tortura. Hay unos cánones de belleza que no se sabe bien quién los ha establecido pero que ahí están nos gusten o no.
Y dentro de esos cánones no encaja el vello corporal.
"Los hombres como los osos, cuanto más peludos más hermosos" es un cliché que ya no sirve. Y por desgracia las mujeres con las piernas como Macario tampoco tienen mucho
sex appeal. Ya desde el antiguo Egipto nos hemos frotado como posesas las zonas velludas con ásperos papiros para desgastarnos los folículos pilosos, nos hemos arrancado con pinzas y otros artilugios todos aquellos pelillos que la naturaleza se empeña en darnos en su inmensa generosidad.

Pero no, nosostr@s seguimos erre que erre, dale que te pego, con ceras frías, ceras calientes, cuchillas, cremas depilatorias, láseres y de todo lo que cae en nuestras manos para evitar que los persistentes pelos nos vuelvan a salir. Pero salen. Siguen saliendo. A pesar de la Braun Epillete, la Gillete Fusion y las bandas de cera Veet...
Y en nuestra locura cada vez vamos mas allá. Mientras los laboratorios y los fabricantes de pequeños electrodomésticos se frotan las manos, porque esto es un filón, nosotr@s ya no nos conformamos con depilarnos las piernas, las axilas y el bigote, sino que nos hacemos las ingles brasileñas y en el caso de muchos hombres hasta el pecho y la espalda.

Hay un hecho científicamente demostrado: cuanto más elevado es el precio del sistema depilatorio que se elija, mayor será su eficacia y mucho mayor aún su coste.
Así que yo como decía mi abuelo: "
Se diga lo que se diga, los pelos del culo abrigan". Lo que nos estamos perdiendo!!